Cruzando Fronteras »

París en dos días, ¿dónde comer?

Ya hemos comprado los billetes, tenemos reservado un alojamiento económico y lo más céntrico posible y nos hemos elaborado una ruta para conocer París en dos días, pero… ¿qué haremos a la hora de comer? La ciudad de la luz es bien conocida por su variedad gastronómica, sus crepes, quesos, quiches lorraines, paté de foie… pero también lo es por sus precios, en muchos casos inasumibles para un viajero medio que desee disfrutar de un fin de semana en la capital francesa.

Desde Paratieslavida vamos a esbozar un recorrido de dos días por la ciudad del Sena con distintas posibilidades para comer y cenar, para que todo viajero que decida escaparse un fin de semana no pierda tiempo en buscar o decidir la mejor opción.

Día 1: Orilla sur del Sena y Bastilla

Despertamos en París y necesitamos un buen desayuno, ¿cuál es la mejor opción? Tras investigar los bares de la zona comprobamos que los café-au-lait son prohibitivos, por lo que aquí será “a gusto del consumidor”. Un café con leche con un croissant en un bar cualquiera pueden ser 5,50 euros, y si le añadimos zumo, 7,50 euros. Una opción muy buena es comprar desayuno en un supermercado para los dos días, algo que nos permitirá, además, ahorrar algo de tiempo para aprovechar al máximo la mañana en París.

Tras desayunar, directos al reclamo parisino por excelencia. Una vez adquiridos los billetes de avión es indispensable comprar las entradas de la Torre Eiffel a través de la venta online, para ahorrar las colas imposibles que se forman en el acceso sin entrada.  Si es posible, es mejor comprarlas para primera hora de la mañana, para evitar una multitud de gente en las distintas plantas y para poder disfrutar de la primera luz del día sobre París (si hay suerte y el día está despejado :)).

Antes o después de la visita a la Torre Eiffel, en función de la hora a la que hayamos conseguido las entradas, es momento de disfrutar de un paseo por el Sena a bordo del Bateau Mouche. También es posible comprar los tickets online, pero en este caso las colas no suelen ser muy numerosas. Este crucero de 1 hora y 10 nos permitirá ver los monumentos más destacados de la ciudad, con una pequeña explicación en todos los idiomas desde el barco.

De camino entre el acceso al Bateau Mouche y la Torre Eiffel encontramos el Trocadero, un antiguo palacete morisco desde donde se toman las mejores fotografías de la Torre Eiffel. Después, un paseo por el Campo de Marte nos permitirá disfrutar de unas vistas preciosas de la Torre, y hacer hambre para disfrutar de la primera comida en Boulangerie Patisserie de la Tour EiffelParís.

Boulangerie Patisserie de la Tour Eiffel, 21 avenue de la Bourdonnais

Nos decantamos por alejarnos un poco de la masificación para tratar de evitar los restaurantes más turísticos, pero no es necesario caminar mucho más, pues en una calle cercana a la Tour Eiffel encontramos el que será nuestro primer restaurante en París, la Boulangerie Patisserie de la Tour Eiffel. Comprobamos que los clientes son en su mayoría franceses y eso nos hace decidirnos. La pequeña terraza techada es un reclamo a pesar de que chispea, pero está llena y tomamos una mesa en el interior.

Tallarines a la carbonaraEl menú elegido fue una ensalada César y unas patatas fritas para compartir, y varios platos principales: pollo al horno, un delicioso y enorme muslo de pollo asado con salsa, patatas fritas y ensalada, tallarines a la carbonara y tortilla rellena de jamón y queso. Para beber agua en París hay que pedir “eau de garrafe”, o lo que es lo mismo agua del grifo. En Francia, donde más aprovechan para subir las facturas de los restaurantes es en las bebidas, así es que si no os apetece probar alguno de los vinos o cervezas parisinos, la opción del agua es la más práctica, gratis y muy buena.

Tras la comida continuamos nuestro itinerario hacia los Inválidos, el Museo de Orsay y la ribera sur del Sena, en un precioso camino que nos ocupa hasta la mitad de la tarde. Después pasar un rato por el hotel (Rue de Rivoli), y ya adentrada la noche, decidimos dar un paseo hasta la plaza de la República, dejándonos llevar por el animado ambiente del barrio de la Bastilla y disfrutando de sus calles repletas de franceses que entran y salen de los bares que decoran sus aceras.

Para cenar elegimos uno de los establecimientos de la plaza que sigue a la Rue du Bourg Tibourg llamado Pizzas Sant´Antonio. El local hace honor a su nombre y decenas de pizzas se ven a lo largo de su terraza techada. Es un restaurante con cierto toque elegante y con gusto por los detalles, pero al contrario de lo que pueda parecer, los precios son muy asequibles.Codillo en Pizzas Sant Antonio

Pizzas Sant Antonio 2

Decidimos probar una de las pizzas de la carta, la Neptune, con jamón cocido, champiñón, aceitunas negras y diferentes clases de pimiento. Resultó muy sabrosa, con una masa no del todo fina (como nos gusta a nosotros) y contundente en los ingredientes. También pedimos pierna de cordero, pero no fue nada recomendable, estaba duro por fuera y crudo por dentro, aunque la ración era muy generosa. El precio medio de estas comidas / cenas era de 12-15 euros por persona, por lo que bastante asequible.

 

Día 2: Orilla norte y Montmartre

La mañana del segundo día la dedicamos a caminar por toda la orilla superior al Sena, comenzando por el Bar du Marché 2Louvre (no entramos, solamente visitamos los exteriores), siguiendo por la plaza de la Concordia con su famoso Obelisco, y adentrándonos en los Campos Elíseos. Es una maravilla pasear por estas calles, si además el día regala buen tiempo, como fue nuestro caso. Al final de la larga avenida comercial de París llegamos al Arco del Triunfo, otro de los monumentos desde el que se recogen las mejores vistas de la ciudad.

Para comer regresamos al barrio del hotel, el que más nos había gustado por el ambiente que se respira. Elegimos una de las creperías que habíamos fichado en la primera rueda de reconocimiento, el Bar du Marché, un local acogedor y muy bien decorado con mesas pequeñas y ambiente relajado. Elegimos dos de los crêpes de la carta, uno de jamón, queso y champiñones, y el otro de patata cocida, bacon y bechamel, ambos acompañados de ensalada. Lo curioso de estos crêpes es que los ingredientes no vienen mezclados sino que cada uno ocupa un lugar dentro del crêpe 🙂 El precio medio de los crêpes era de 7 euros, por lo que el menú es nuevamente una buena opción para bolsillos apretados.

Crepe en Bar du Marché

Por la tarde nos acercamos al barrio de Montmartre, visita obligada en un viaje a París de apenas dos días y medio. Las opciones son diversas a la hora de subir hasta la Basílica, pero lo ideal es llegar al barrio por las calles inferiores: bordeando por el Boulevard de Rochechouart, subiendo por la Rue de Clignancourt o incluso paseando desde el Moulin Rouge, en la zona oeste, si se dispone de más tiempo. Según se va ascendiendo por las avenidas es bonito disfrutar de las vistas que ofrece el Sacre Coeur a lo lejos pero, una vez arriba, tras superar las más de 100 escaleras, la sensación al echar la vista atrás y vislumbrar París desde esta perspectiva es insuperable.

Merece la pena entrar en la Basílica y admirar de uno de los lugares sagrados más importantes de la ciudad. Después, es imprescindible dar un paseo por el barrio, disfrutar del ambiente de la plaza de los Pintores (place du Tertre) y perderse por la Rue des 3 frères y las calles aledañas.

Tosta en Le Pause BeaubourgLa tarde ha sido intensa por lo que regresamos a las proximidades del Hotel de Ville al atardecer. Le Pause Beaubourg, situado en la Rue du Renard, fue la brasserie elegida para nuestra última cena en París, un local acogedor y con un servicio inmejorable, incluso disponían de una carta en español. No podíamos marcharnos de la ciudad sin probar las tostas de pan payés que habíamos visto en varios restaurantes, por lo que fue la opción elegida: una tosta de jamón con queso de cabra, tomate y orégano, y otra de salmón, queso y cebolla confitada, ambas acompañadas de la rica ensalada que ya habíamos visto en cada uno de los restaurantes, aliñada con un vinagre muy sabroso. De postre elegimos Crème brûlée, parecido a las natillas españolas y realmente deliciosas.

Finalizamos la noche tomando unas pintas en el ya bien conocido barrio de la Bastilla, que incluso en las noches de domingo ofrece al viajero un ambiente para recordar. París tiene muchos encantos, pero éste, el de encontrar de repente un rincón cualquiera que te permita disfrutar y viajar en el tiempo, es el principal. Sin duda, de lo mejor que hemos conocido en la capital francesa.

  • Like!
    0

Comentarios Facebook: